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Escrito por Eva   
Miércoles, 10 de Febrero de 2010 15:13

  

   En cuanto podía me pisaba las teclas del ordenador, o me robaba la lima de uñas y las gomas de pelo. Si me levantaba un momento del asiento, en seguida se hacía de nuevo con su trono. Si podía, metía su patita en mi vaso de café para luego lamérsela triunfalmente.

Comía todas las hojas de las plantas que estaban a su alcance. Bebía descaradamente del agua de las peceras o se servía el pienso de la perra, dejando a ésta a su espalda.

No temía las amenazas, siempre fué de actitud desafiante. No tenía misericordia para los apoyabrazos y respaldos de sillas y sillones. Ni siquiera muchas veces la tuvo con mis brazos o manos.

 Rascaba la puerta para salir, y en cuanto salía, cerrabas y te sentabas, la volvía a rascar para volver a entrar. Rascó la funda de mi guitarra hasta que pudo tocar sus cuerdas. Todo esto sin contar la alérgia que me daba.

 No entiendo por todo ello, como me siento tan vacía. Solo han pasado unas horas desde que se ha ido entre mis manos y no me cabe mas tristeza. Será porque es grande el hueco que ha dejado en mi día a día y en mi querer.

 El que cuando mas alergia me daba, era cuando mas fuerte ronroneaba y mas lo apretaba contra mi. Porque aceptaba que yo me sentara en el sillón para ser la suave bola de pelo que simplemente se tumbaba sobre mis piernas para ser acariciado. Porque no sé si sabré leer un libro en la cama sin que el bichito se pasee por mi tripa hasta encontrar el punto en el que no me deja ver el libro pero de nuevo me regala su ronroneo y con ello me hace apagar la luz. Y dormir bien.

   Podría escribir mucho más sobre él, pero ya solo se me ocurren cosas buenas y eso convertiría su historia en un pastelón, así que no diré mas. Que te he querido mucho "chiquitin", y que ojalá hubieras vivido los años que te tocaban y no te hubieras marchado tan pronto.

Gracias de corazón a Carles y Ester por haber hecho todo lo que se pudo y más.

Eva

(7.01.2010)